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6 febrero, 2022

COVID-19 persistente : síndrome multisistémico con afección neurológica

El texto ha sido modificado para su mejor comprensión.

Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2).

Hola, soy la Dra. Zaira Medina, grabando para Medscape en español y el día de hoy revisaremos algunos aspectos sobre COVID-19 persistente (Long-COVID o Long-Haul COVID) y el posible involucro del sistema nervioso en esta entidad.

Hasta el momento sabemos que la COVID-19 tiene un amplio espectro clínico, que se presenta desde la infección asintomática hasta la enfermedad mortal con afectación multisistémica y no exclusivamente pulmonar, como se pensó en las descripciones del comienzo de la pandemia.

El National Institute for Health and Care Excellence (NICE) definió COVID-19 persistente como la patología en la cual existen síntomas que continúan o se desarrollan después de la infección aguda de COVID-19 y no se explican por un diagnóstico alternativo; en este término se incluye la infección sintomática “en curso” para referirse a quien persiste con síntomas durante 4 a 12 semanas y el síndrome pos-COVID-19 cuando los síntomas duran más de 12 semanas después de la infección.

Para los National Institutes of Health y Centers forDisease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, la COVID-19 persistente describe una afección que se extiende más de cuatro semanas después de la infección inicial. A quienes padecen este síndrome se les ha denominado long-haulers.[1]

Numerosos signos, síntomas y datos paraclínicos han sido descritos como parte de este síndrome, incluyendo cardiacos (dolor torácico, inflamación miocárdica, palpitaciones, elevación de troponinas), pulmonares (disnea, tos), alteraciones gastrointestinales, como pancreatitis, elevación de transaminasas, diarrea, náusea, odinofagia, lesión renal aguda, vasos sanguíneos (coagulopatía, microangiopatía, inflamación) y a nivel del sistema nervioso los datos clínicos reportados incluyen síndrome de niebla cerebral, delirium, fatiga, alteraciones del sueño, depresión, ansiedad e incluso síndrome de estrés postraumático.

Entre los síntomas más comunes se encuentran fatiga profunda, cefalea, mialgias, artralgias y caída de cabello y todos ellos pueden coexistir en diversos grados. Algunos investigadores han identificado dos patrones de síntomas: 1) fatiga, cefalea y síntomas respiratorios (disnea, dolor de garganta, tos persistente y alteraciones del olfato), y 2) síntomas multisistémicos, incluyendo fiebre y síntomas gastrointestinales. Incluso 26% de los afectados reporta síntomas dolorosos.[2]

La presencia de SARS-CoV-2 en el líquido cefalorraquídeo plantea la posibilidad de disrupción a la microestructura e integridad funcional cerebral en pacientes recuperados de COVID-19. Otros mecanismos con involucro al sistema inmune aún están en debate.

Dentro de los criterios diagnósticos para COVID-19 persistente sintomática confirmada se incluye la presencia de síntomas clínicos con reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa, ya sea positiva o bien negativa con anticuerpos positivos.[2,3]

Existen diversas recomendaciones para el tratamiento sintomático de este síndrome, que como ya se mencionó, incluye síntomas pulmonares, cardiovasculares, neuropsiquiátricos, cognitivos, fatiga y otros síntomas misceláneos. Respecto a los síntomas neuropsiquiátricos, se sugieren terapia cognitivo-conductual y ejercicio graduado. Otras estrategias sugeridas incluyen actividades físicas con un objetivo terapéutico.

Las alteraciones cognitivas requieren un abordaje holístico, a veces con enfoque en terapia del lenguaje y dominio específico para mejorar cada una de las alteraciones que presente el paciente. Estas alteraciones semejan al quimiofog o quimiobrain, un síndrome descrito en personas que reciben quimioterapia y se manifiesta por disfunción cognitiva; se ha descrito con el uso de doxorrubicina, metotrexato, lenalidomida, rituximab y trastuzumab.

La rehabilitación cognitiva individualizada ha demostrado ser útil; en algunos estudios el uso de fármacos como metilfenidato, donepezilo y modafinil se han utilizado en pacientes con quimiobrain, pero su uso en COVID-19 persistente aún es controversial.[4]

Finalmente, es importante mencionar que en algunos países ya existen clínicas de manejo multidisciplinario para los pacientes con COVID-19 persistente y quizá la explicación con empatía de los síntomas y el tratamiento deba ser parte de una estrategia fundamental para el tratamiento eficaz de cada paciente.

Muchas gracias por su atención, soy la Dra. Zaira Medina, grabando para Medscape en español.

Siga a la Dra. Zaira Medina López de Medscape en español en Twitter @zalome23.

https://espanol.medscape.com/verarticulo/5908433#vp_1


Créditos: Comité científico Covid

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