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24 agosto, 2021

Problemas de salud mental en niñas, niños y adolescentes por cese de clases presenciales

Las actividades escolares presenciales cesaron en más de 190 países del mundo a partir de mayo de 2020, con el fin de contener el avance de la pandemia de COVID-19. A más de un año, 114 millones de alumnos en Latinoamérica y el Caribe siguen sin volver a las aulas, lo cual, aunado al confinamiento prolongado, tiene implicaciones en la salud mental de niños, niñas y adolescentes, señala el informe La educación en tiempos de la pandemia de COVID-19 (CEPAL-UNESCO, 2020).[1]

Dra. Armida Granados Rojas

La alteración o incluso la interrupción del proceso enseñanza-aprendizaje, ha provocado limitaciones en el desarrollo personal en niñas, niños y adolescentes, que en muchas ocasiones provoca malestar emocional, dificultades en la percepción de sí mismos, conductas disfuncionales e incluso ansiedad y depresión, comentó a Medscape en español la Dra. Armida Granados Rojas, psiquiatra infantil y de la adolescencia en el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez y el Hospital Psiquiátrico Infantil Dr. Juan N. Navarro, en la Ciudad de México, México.

“La salud mental en el caso de niñas, niños y adolescentes hace referencia al proceso que genera un estado de bienestar para desarrollarse y alcanzar los indicadores para ser funcional, productivo y contribuir a su comunidad”, explicó la especialista, añadiendo que la escuela es un lugar que justamente promueve la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes que permiten a niñas, niños y adolescentes funcionar en otros ámbitos y al transicionar de la modalidad presencial a la modalidad virtual el proceso de adquisición de este estado de bienestar se afectó en muchos casos.

“Quedaron al descubierto problemas para enfocar la atención, generar organización y comunicación, y se pudieron agravar algunos problemas previos. Y, aunque existen casos en que la modalidad a distancia pudo ser favorecedora, según la visión de niñas, niños y adolescentes que se enfrentaban a situaciones escolares adversas en la modalidad presencial, abandonar la modalidad presencial no es del todo funcional”, destacó.

Como señala el informe CEPAL-UNESCO 2020, en situaciones de emergencia las escuelas brindan apoyo emocional, monitoreo de riesgos y apoyo social y material a estudiantes y sus familias.

Ansiedad y depresión consecuencia del confinamiento de niñas, niños y adolescentes

El impacto ocasionado por el cese de la modalidad presencial en la educación depende mucho de las características de niños, niñas y adolescentes, del medio familiar y del ambiente social, explicó la Dra. Granados, destacando que para algunos niños, familias o comunidades fue mucho mayor la dificultad para adaptarse a modalidades de apoyo como el programa Aprende en Casa del gobierno mexicano, junto con la escasa comunicación con los profesores, fueron situaciones que comúnmente generaron deserción escolar.

En marzo de 2021 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados de la segunda edición de la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED) 2020: durante el ciclo escolar 2020-2021 el porcentaje de alumnos que no se inscribió fue de: 2,4% para el grupo de 6 a 12 años, 11% para el grupo de 13 a 15 años y 36,9% para 16 a 18 años. Los principales motivos para no inscribirse fueron: aquellos relacionados directamente a la pandemia (1,4% para el grupo de 6 a 12 años, 4,8% para 13 a 15 años, y 6,8% para 16 a 18 años), falta de dinero o recursos económicos. En el grupo de 16 a 18 años 5% no se inscribió al ciclo escolar porque se unió, casó o embarazó (el estudiante o su pareja).

“Esto ha ocasionado la limitación del desarrollo personal y académico, el surgimiento de malestar emocional, de conductas disfuncionales y hábitos inadecuados relacionados con ansiedad y depresión, así como dificultades en la percepción de sí mismos y de su socialización”, añadió la especialista, quien también es secretaria de la Mesa Directiva de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil.

Durante el periodo de confinamiento la ansiedad y la depresión aumentaron en niñas, niños y adolescentes. Un sondeo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en adolescentes mexicanos encontró que 36% de los participantes tenía ansiedad y 25% depresión, debidas principalmente a los problemas económicos familiares y al cese de las actividades que realizaban antes de la pandemia; 86% de este grupo de adolescentes comentó que sintió la necesidad de pedir ayuda y 43% indicó ver un panorama incierto de su futuro.[2]

Durante el evento Reimaginemos. Foro niñez y adolescencia en México, convocado por el Colegio de México y UNICEF, la Dra. Granados detalló que en el Hospital Psiquiátrico Infantil Dr. Juan N. Navarro, entre marzo de 2020 y marzo de 2021 tuvieron 1.583 consultas adicionales y que en la Línea de la Vida, que brinda atención especializada sobre consumo de sustancias, los niños de edades entre 11 y 16 años que pidieron ayuda tenían estrés agudo y depresión.[3]

La salud mental y el regreso al aula

Un año después del comienzo de la pandemia México es el octavo país en el mundo con el mayor número de días de cierre de sus escuelas, y Latinoamérica y el Caribe siguen siendo las regiones del mundo con el mayor número de estudiantes que aún no asiste a las aulas, según el informe de UNICEF para la región.[4]

“Actualmente solo 7 países de Latinoamérica y el Caribe han abierto completamente sus escuelas. En 12 países y territorios las escuelas permanecen completamente cerradas y en el resto de la región están parcialmente cerradas”, reportó UNICEF.

Para Jean Gough, directora regional del UNICEF para América Latina y el Caribe, no abrir las escuelas sería más perjudicial para la región que reabrirlas, pues niñas, niños y adolescentes aumentan sus probabilidades de abandonar la escuela para siempre, verse obligados a contraer matrimonio temprano o al trabajo infantil.[5]

La Dra. Granados manifestó que las ventajas y desventajas del retorno a clases presenciales dependen de la capacidad de las familias de haber propiciado el aprendizaje en niñas, niños y adolescentes de los conceptos de Sana Distancia y Nueva Normalidad, que implican el fortalecimiento del concepto de autocuidado.

“Además las instituciones educativas deben corresponsabilizarse generando protocolos de actuación y respuesta para niñas, niños y adolescentes, sus padres y cuidadores, así como entre la comunidad docente. Si estos factores están presentes, las ventajas serán mucho mayores y se favorecerán procesos adaptativos como la socialización, el autocuidado y el reconocimiento de las propias emociones y capacidades”.

Pero a medida que comienza el regreso a las aulas será necesario observar y atender las manifestaciones emocionales y conductuales en el proceso de readaptación al ámbito académico (socioemocionales y de aprendizaje), señaló la especialista.

También explicó que serán importantes la expresión y verbalización en la escuela, de las vivencias a lo largo del periodo de pandemia y cómo se sienten con las medidas de sana distancia su familia y su comunidad. Así se podrán identificar emociones relacionadas a estos procesos y detectar estresores múltiples e intensos que generen disfunción o procesos maladaptativos, para determinar si pueden atenderse por la propia escuela o si existe alguna afección que deba tratarse por alguien más.

“Habrá que identificar desde malestar inespecífico hasta síntomas relacionados con ansiedad y depresión, problemas relacionados con hábitos alimenticios y de sueño inadecuados y situaciones de violencia o consumo de sustancias psicoactivas”, detalló.

Por otro lado, también los docentes han estado expuestos a factores de riesgo que afectan su estado de bienestar, por lo que pueden presentar malestares de tipo emocional o de conductas inadecuadas relacionadas con su práctica profesional.

“Algunos se resolverán y otros no, presentando síndrome de desgaste profesional (que incluye síntomas físicos y mentales) o bien síntomas de ansiedad o depresión que puedan constituir un trastorno mental y del comportamiento”, puntualizó.

Estrategias en diferentes países

Para ayudar a la contención emocional durante el regreso a las aulas, el Ministerio de Educación de Chile presentó un recurso para docentes, que incluye una guía para los profesores, con orientación para el autocuidado y el bienestar socioemocional en el contexto de crisis sanitaria, asociado a una bitácora docente para el desarrollo de un trabajo personal y autónomo de aprendizaje socioemocional a partir de su propia experiencia. El objetivo es que después los maestros puedan transmitir esto a sus estudiantes.

Por otro lado, el informe CEPAL-UNESCO detalla que el Ministerio del Poder Popular para la Educación de la República Bolivariana de Venezuela elaboró un plan de apoyo psicosocial para estudiantes, docentes y familias. Esto también sucedió en Cuba, donde se han publicado cuatro folletos sobre educación para la atención socioemocional ante desastres naturales, tecnológicos y sanitarios en el país.

En cuanto a México, se desarrolló la guía de orientación para la reapertura de las escuelas ante COVID-19, en la que se propone el uso de un fichero que incluye actividades breves para que niñas, niños y adolescentes aprendan a encontrar la propia calma, a reconocerse a sí mismos y a generar vínculos afectivos seguros. Asimismo, se plantea la coordinación entre la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Salud para la impartición de un curso en línea sobre temas de salud mental en la infancia y la adolescencia; un ciclo de seminarios sobre el tema; un curso en línea para docentes de educación especial; y talleres para brindar herramientas que permitan el bienestar emocional.

La Dra. Granados ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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https://espanol.medscape.com/verarticulo/5907555#vp_1


Créditos: Comité científico Covid

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